Categorías

Ver también ...

Buscar artículos

IP MAN Wing Chun DVD Kung Fu

 

IP MAN Wing Chun


El pasado 24 de diciembre 2016 se estrenó en Asia "lp Man 3", llegando posteriormente, en enero, a las salas de Estados Unidos de forma limitada. De nuevo y al igual que las anteriores entregas ha sido dirigida por  Wilson Yip Wai-Shun e interpretada por Donnie Yen. La producción ha venido arropada por un excelente elenco de actores y especialistas, entre los que cabe destacar a Mike Tyson, que se rompió un dedo durante el rodaje;  Danny Chan, que interpreta a Bruce Lee, un papel que le resulta familiar pues dio vida al rey de las artes marciales en la serie "La leyenda de Bruce Lee" (2008) y lo imitó en "Shaolin Soccer"; Liang Chia-Jen, de sobra conocido para los amantes del cine de Hong Kong con 139 películas en su filmografía;  Kent Cheng con 132 films y Max Zheng ("The Grandmaster") entre otros. La coreografía ha corrido a cargo del posiblemente mejor coreógrafo de Hong Kong, Yuen Woo Ping, quien lanzó a la fama a Jackie Chan con "La serpiente a la sombra del águila" y "El maestro borracho en el ojo del tigre", y reconocido a nivel mundial por su trabajo en la saga de "Matrix" y "Tigre y dragón".
Dado el interés que está suscitando el film y la biografía del gran maestro Ip Man, cinturón negro os trae este mes un artículo biográfico del Sifu.
Bajo su aspecto inconfundible de afable anciano, siempre sonriente, alto, delgado y calvo, se oculta un hombre extraordinario cuya legendaria biografía le ha consagrado como uno de los "inmortales" de las artes marciales. La mayoría de la gente le conoce como "el maestro de Bruce Lee", pero Yip Man fue mucho más que eso. Fue un excepcional artista marcial, maestro de maestros e, indiscutiblemente, el difusor del Wing Chun a nivel mundial.


IP MAN Wing Chun

La figura de Yip Man (Ip Man & Ye Wen) es incuestionable. No gozaría de la proyección internacional que posee en la actualidad de no ser por el hecho de que fue maestro y mentor de Bruce Lee.
A pesar de lo que se ha escrito y difundido, Bruce Lee tan solo fue "un alumno más" de Yip Man. El Pequeño Dragón  nunca llegó a tener un nivel superior dentro del estilo. Cuando Bruce Lee partió hacia América, dentro de la escuela había muchos alumnos mucho más avanzados que él. Además, y en contra de lo que se ha relatado, él apenas trató e ni entrenó con Yip Man. El Sifú era muy tradicionalista, enseñaba según la costumbre China. Como "Patriarca" de la escuela tan solo entrenaba directamente con los alumnos más avanzados (los "Hermanos Mayores") y estos a su vez enseñaban a los demás alumnos. Esto explica que la mayor parte del Wing Chun que aprendió Bruce lo hiciera de la mano de otros alumnos como William Cheung o Wong Shun Leung. El contacto entre Bruce Lee y Yip Man fue por tanto efímero y muy esporádico.
La vida de Yip Man sin embargo posee los ingredientes necesarios para convertirse en una leyenda por méritos propios; pero antes de adentrarse en el relato de sus atribuladas vivencias, conviene conocer los antecedentes de su arte y de sus maestros.
Cuenta la leyenda que el Wing Chun fue creado allá por el siglo XIV por una monja budista llamada Ng Mui, que ideó un sistema de combate tan peculiar tras observar como peleaban una grulla y un zorro. El arte se fue transmitiendo a lo largo de los siglos de forma secreta, como exigía la tradición. A principios del siglo XIX, el 5? Guardián del Estilo era Leung Jee, un herborista muy aficionado a las artes marciales. Este vivía en Fatshan, una ciudad situada en la provincia de Kawantung, en el sur de China. En toda la provincia este apacible herborista era conocido por su inusitada eficacia en combate. Aquellos que se atrevieron a desafiarle (que no fueron pocos) salieron invariablemente derrotados por su endiablada forma de moverse y por su técnica favorita, la Palma de Hierro. Leung Jee era en realidad muy pacífico, pero a medida que aumentaba su reputación se multiplicaban los luchadores que le retaban para descubrir sus secretos.
Chan Wah Sun, otro sobresaliente maestro y luchador de la época, deseaba fervientemente aprender bajo la tutela de Leung Jee; pero éste, fiel al hermetismo característico de las artes marciales por aquel entonces, se negó a compartir sus conocimientos con Wah. Leung reservaba sus más preciosas enseñanzas para su hijo Leung Bik, que estaba destinado a convertirse en el 6? Guardián del Estilo. Llegado a cierta edad avanzada, decidió enseñar su arte a Bik a puerta cerrada . Todas las noches se reunían los dos en el herbolario para entrenar. Chan Wah Sun, decidió trasladar su oficina de cambio de dinero  (así se ganaba la vida), a un local adyacente al herbolario de Leung para así poder espiar al maestro y aprender sus secretos. De esta manera, noche tras noche Wah, escondido en la oscuridad, fue asimilando todas las enseñanzas de Leung. Este, que aunque anciano no había perdido un ápice de su lucidez, no tardó en constatar la presencia del inoportuno espectador; pero fingió no haberle descubierto y comenzó a enseñar todos los conceptos y desplazamientos de forma errónea para confundir a Wah. Después, durante el día y mientras Wah trabajaba, se dedicaba a rectificar sus enseñanzas para que su hijo aprendiera el verdadero wing chun. Wah estudió pues una versión incorrecta, totalmente adulterada, sin apenas desplazamientos y llena de conceptos erróneos.
A pesar de ello Chan Wah Sun, siendo una persona muy avispada y especialmente dotada para la lucha, fue progresando a trancas y barrancas, modificando lo que aprendía, adaptándolo a la realidad de combate. El resultado es que no aprendió el Wing Chun genuino pero modificó los sin sentidos que le "enseñaba" Leung Jee hasta el punto de hacerlos realmente eficaces en combate. La prueba es que, tras la muerte de Leung Jee, Wah desafío a Leung Bik a jugarse la sucesión de Guardián del Estilo en un duelo, y ganó el combate. Wah estaba convencido de que había ganado gracias a las técnicas de Wing Chun aprendidas en secreto, cuando en realidad ganó a pesar de las mismas. Leung Bik era sin duda aún muy inexperto como para enfrentarse con éxito a un luchador forjado en mil batallas como Chan Wah Sun. Bik, con el honor pisoteado y el alma mortificada, desapareció de la región y Wah se convirtió en la nueva cabeza del estilo wing chun, ¡arte que en realidad desconocía! Siguió además investigando por su cuenta otras artes marciales.
La victoria de Wah y su nueva condición de Guardián del Estilo le confirieron tal reputación que por fin pudo abrir una escuela de artes marciales y abandonar el oficio de cambio de dinero, que tanto odiaba. Enterró el sobrenombre de "el cambista Wah" y empezó a ser conocido como "el hombre de madera", a raíz de una exhibición que realizó en la que destrozó con sus puños un sólido maniquí de entrenamiento de madera. El "negocio" de las artes marciales no era sin embargo demasiado lucrativo por la época, ya que se instruía a grupos de discípulos muy reducidos. Por ello, Chan Wah Sun se buscó la protección de un "mecenas" que le cedió gratuitamente una parte de su casa para que abriera su escuela. Fue precisamente la familia Yip, una de las más adineradas de la ciudad de Fatshan, la que le acogió en su mansión. El patriarca de los Yip, Yip Oi Do, decidió albergar a tan reputado artista marcial para asegurarse la protección de su casa y de sus propiedades.
La familia Yip contaba entre sus hijos con un joven delicado y enfermizo llamado Yip Man, quien nació el 14 de octubre de 1893. Desde su más tierna infancia, siguió la educación tradicional que le estaba reservada a todo hijo de la alta burguesía china: estudio de la filosofía, literatura y poesía clásica china y occidental, así como de ciertas artes nobles como la caligrafía y la pintura. El destino de Yip Man ya parecía sentenciado: estudiar posteriormente comercio y llevar parte de los negocios de la familia. Sin embargo, no tuvieron en cuenta que su escuálido hijo gozaba de voluntad propia y muy fuerte, además. Desde muy niño, se escapaba en cuanto podía de la vigilancia de sus tutores para ir a ver como entrenaban los discípulos del "protegido" de su padre, aquello era algo que parecía fascinarle.

IP MAN Wing Chun 2


Ya con nueve años, por fin se decidió a ir a hablar con el viejo maestro Wah (que ya tenía 60 años) y le pidió ser aceptado en sus clases. Wah no se tomó la propuesta demasiado en serio: sólo se trataba de un crío y además de origen acomodado por lo que (pensaba el maestro) sería caprichoso e inconstante. La situación no era nada simple.Por un lado, Wah no hubiera tenido ningún inconveniente en aceptarle si no hubiera sido porque ya experimentaba serios problemas de espacio con los 16 discípulos que ya tenía. Por otro lado, no podía rechazar a Yip Man a la ligera, pues se trataba de uno de los hijos de su "protector", de la persona que le estaba albergando. Para salir del paso ante esta encrucijada, Wah decidió aceptar a Yip Man con una condición, a cambio de trescientas monedas de plata. Esto representaba una suma muy elevada, por lo que el maestro supuso que Yip Man, con tan sólo 9 años, no sería capaz de reunirla en años. Wah creía haber solucionado el dilema, cuando al día siguiente apareció Yip Man con la suma demanda. Llevaba años ahorrando cada paga que le daban sus padres. El viejo maestro no tuvo pues más remedio que aceptarle como alumno, sin aceptar la suma, por supuesto.
En lo que respecta al padre de Yip Man, este no veía con muy buenos ojos que su hijo se iniciara en el wing chun. El futuro que se le tenía reservado era muy diferente y, además, las artes marciales no estaban muy bien vistas entre las clases burguesas chinas desde la rebelión de los Boxers. Pero Yip Oi Do cometió el mismo error que Chan Wah Sun, pensó que sólo se trataba de un súbito capricho de su hijo que, en cuanto sufriera en sus carnes los duros entrenamientos, abandonaría sus pretensiones marciales. Por otro lado, también consideró el tremendo beneficio físico que las artes marciales podrían aportar a su enclenque hijo.
De esta forma y ante el escepticismo de todos los que le rodeaban, Yip Man se introdujo con tan sólo nueve años en el mundo del wing chun. Si algo caracterizaba al joven Man era su extraordinaria voluntad y tesón.
Wah, que en un principio no le tomaba nada en serio, le impuso una disciplina de entrenamiento extremadamente rigurosa para desanimar al jovenzuelo burgues. Pero, cuanto más difícil se lo ponían a Yip Man, más se entregaba éste al entrenamiento. Tras unos durísimos meses de prueba, el maestro, asombrado por la excepcional determinación de su pupilo más joven, decidió aceptarlo como el benjamín de su familia de wing chun. Con los años, Yip Man se ganó el respeto de su maestro y "Hermanos Mayores", hasta tal punto, que Wah llegó a plantearse seriamente la conveniencia de formarle para que se convirtiera en su futuro sucesor.
En 1911, Chan Wah Sun, maestro de Yip Man, fallece súbitamente. Yip Man tan sólo cuenta con 13 años y 4 de práctica del wing chun. Continúa entrenando 3 años más bajo la tutela de los alumnos aventajados de la escuela o "Hermanos Mayores".
Cuando cumple los 16 años su padre le envía como interno al St. Stephen College, una institución católica situada en Hong Kong, para aprender ingles y añadir los conocimientos occidentales a su educación. Allí, la dura vida del internado y la competitividad de sus compañeros forjaron en Yip Man un carácter de hierro y le permitieron poner por primera vez a prueba sus habilidades marciales en las numerosas peleas entre alumnos. Su eficacia en combate llegó a tales cotas, que pronto se quedó sin ningún adversario dentro de la escuela y del vecindario.
Sin embargo, el impulsivo Yip Man buscaba constantemente enfrentamientos con los que mejorar su eficacia marcial. Uno de sus amigos le habló de un excéntrico practicante de gung fu que trabajaba en una fabrica de seda del puerto y que tenía fama de ser invencible en combate. Una tarde Yip Man se dirigió al puerto en busca de la barca de pesca en la que le habían comentado que vivía y dormía el reputado luchador. Cuando por fin la encontró, le desafió voz en grito desde el embarcadero. No halló respuesta por lo que, ultrajado, lanzó una piedra contra la barca. Entonces una profunda voz le preguntó tranquilamente qué se le había perdido por ahí. Yip Man respondió con tono seco y desafiante: "Dicen que eres invencible en combate. Me gustaría pelear contigo." Un hombre que rondaba la cincuentena se asomó por la borda, miró a Man de arriba a abajo y dijo: "Eres muy joven y delgaducho. No me apetece perder el tiempo, pero te voy a dar una oportunidad: ejecuta un Tao (forma o kata de gung fu) y veremos si mereces la pena". Yip Man no se dejó amedrentar por el soberbio desdén del luchador y ejecutó con agilidad y vigor el Sil Lum Tao, forma de wing chun. "De acuerdo,-dijo el retado con una sonrisa- te voy a conceder una oportunidad, pero el combate se hará en mi barca..." Yip Man subió a la embarcación y ambos se pusieron en guardia. De repente, Man se abalanzó como una exhalación sobre su adversario lanzando una fulgurante sucesión de puñetazos. Sin embargo, el hombre bloqueó todos sus golpes con una naturalidad pasmosa y envió al jovenzuelo al agua. Man nadó hasta la barca, trepó por la borda y volvió a atacar a su adversario con redoblada furia. Este anuló de nuevo todos sus ataques con una facilidad endiablada y Man volvió a zambullirse en las frías aguas del puerto.
Yip Man por fin comprendió que se hallaba ante un excepcional maestro de gung fu por lo que, calado hasta los huesos, le pidió humildemente que le aceptara como alumno. El hombre, sin responder una palabra, le dio la espalda y comenzó a prepararse la cena. A partir de entonces, Yip Man comenzó a acudir cada noche a la barca del maestro con ofrendas y presentes, incluso solía lavarle la ropa y cocinarle la cena; a pesar de todo esto el hombre ni siquiera le dirigía la palabra.
Pero, al cabo de más de dos meses, y ante la respetuosa insistencia del joven Man, el maestro por fin despegó los labios para preguntarle: "¿Quién te ha enseñado artes marciales?" - "El maestro Chan Wah Sun, del estilo wing chun." Ante la respuesta, los apacibles rasgos del maestro traicionaron una intensa emoción que Yip Man no acertó a interpretar. El enigmático luchador permaneció largo tiempo contemplando el horizonte y cuando se dio la vuelta miró a Man directamente a los ojos y dijo: "De acuerdo, te voy a enseñar mi arte. Te voy a enseñar el verdadero arte del wing chun." Yip Man se quedó de piedra: ¿qué significaba aquello? Creía que no existía más que un estilo de wing chun, el que él había aprendido directamente de la mano del Guardián de la Escuela. Ante la expresión de estupefacción del joven, el maestro prosiguió: "Mi nombre es Leung Bik y soy el hijo del que enseñó a tu maestro. Soy además el 6? Guardián del Estilo y el único practicante vivo del verdadero wing chun." Bik le explicó a Yip Man por qué y cómo su padre engañó a Wah por lo que este nunca aprendió el Wing Chun original.
Yip Man no había practicado hasta ahora más que una peculiar amalgama de Wing Chun totalmente adulterado y mezclado con multitud de otras artes marciales que Chan Wah Sun había ido investigando a lo largo de su ajetreada existencia. Aunque tal híbrido era sin duda efectivo en combate, no se trataba del Wing Chun original; este tan sólo había pervivido en la persona de Leung Bik, que nunca se lo había enseñado a nadie ni pretendía en un principio hacerlo. En este sentido, se puede afirmar que el verdadero Wing Chun se hubiera perdido para siempre tras la muerte de Leung Bik, si hubiera sido porque la fortuna quiso que, casualmente, un testarudo joven llamado Yip Man se cruzara en el camino de Bik y se convirtiera en el depositario de este extraordinario arte marcial.

IP MAN Wing Chun 3

Yip Man se convirtió así en el discípulo de Bik y aprendió el genuino Wing Chun de forma íntegra, es decir, con técnicas secretas incluidas. Leung Bik falleció a los pocos años, aunque fueron suficientes para que Yip Man, con determinación y entrega, aprendiera todo lo que sabía su sifú. Yip Man regresó a Fatshan, su ciudad natal donde, como sucesor oficial del Wing Chun original, comenzó a dar clases a 4 ó 5 estudiantes en la década de los 40. No se estancó sin embargo en su estudio de las artes marciales, sino que siguió intercambiando técnicas y conocimientos con sus antiguos compañeros de práctica, los alumnos de Chan Wah Sun.
Era aún un hombre joven, por lo que no gustaba de la rígida jerarquía que caracterizaba a las escuelas de gung fu de la época. Desde un principio estableció por norma auténticas relaciones de amistad con sus alumnos. No quería que estos le llamaran "Patriarca", prefería el sobrenombre de "Man-Sok", es decir, "Tío Man". Más adelante, con el transcurso de los años, Yip Man se volvería sin embargo mucho más rígido y tradicionalista, implantando poco a poco en su escuela el típico esquema jerárquico de Patriarca-Hermanos Mayores-Principiantes. Pero en los años 40 estableció otra norma que, a diferencia de la primera, jamás quebrantaría hasta el final de sus días: nunca cobró por sus clases, enseñaba por puro placer y no quería que los asuntos monetarios enturbiaran su escuela.
En aquella época empezó a trabajar, por puro placer, como jefe da la estación de policía de Fatshan. Pronto su fama, empezó a precederle, todos conocían su extraña habilidad para reducir y detener a los "fuera de la ley". Sus hazañas se hicieron famosas en la región. Entre ellas cabe destacar, el haber reducido, el solo, a una banda de ocho peligrosos delincuentes. También, se enfrentó a numerosos expertos de Gung Fu, los cuales, muchos de ellos, eran unos "busca pleitos".
Cuando en 1949 triunfó la Revolución Popular China, Yip Man huyó a Macao; pero no llegó a echar "raíces" en esta ciudad. Tras un corto espacio de tiempo, se muda a Hong Kong, donde se estableció para el resto de su vida. Nada más llegar a la colonia británica, Lee Man, que era secretario del sindicato de los trabajadores de restaurantes, le permite utilizar las instalaciones para implantar sus enseñanzas. En este local, Yip Man empieza a entrenar a su primer grupo de alumnos. Sus enseñanzas comenzaron en julio de 1950. Rápidamente se convirtió en el máximo exponente de Wing Chun de Hong Kong, ganándose una reputación de maestro extraordinario, aunque algo excéntrico. Esto último se debía al hecho de que no realizaba ninguna publicidad de su escuela (a pesar de lo cual era muy conocida), no cobraba por sus clases y nunca aceptaba alumnos a la ligera (se cuenta que cuando alguien pretendía ingresar en su escuela Yip Man solía investigarle durante meses antes de aceptarle definitivamente). Si por cualquier razón rechazaba a un pretendiente o expulsaba a un alumno, nada podía hacerle cambiar de opinión.
Fue en los años cincuenta cuando comenzaron a destacar en la escuela de Yip Man toda una serie de extraordinarios artistas marciales. Nombres como Tsui Sheung Tin, Ho Kam Ming o Wong Shun Leung ya están inscritos en letras doradas en la historia del Wing Chun y de las artes marciales. Todos ellos se formaron bajo la tutela del "sifú sonriente". El más conocido de ellos, Wong Shun Leung, llegó por primera vez una tarde de 1954 a la escuela de Man pidiendo que le demostraran la eficacia del Wing Chun contra el boxeo, disciplina en la que él era por la época todo un experto. La prueba le resultó tan convincente que desde ese día se integró totalmente en la "familia" de Yip man. Poco después se convirtió en uno de los alumnos más destacados de la escuela, conocido por los practicantes de otros estilos de gung fu como "el broncas", pues cualquier excusa le fue buena para retar a casi todos los artistas marciales relevantes de Hong Kong. De hecho, la fama que pronto adquirieron los estilistas de Wing Chun en general fue la de ser unos auténticos "rude boys" (rudos, pendencieros, busca-broncas) que no paraban de retar y de pelear para comprobar y afinar sus habilidades y publicitar el estilo y la escuela.
En el 55 esta ya contaba con cerca de 30 alumnos, aunque la mayoría abandonó las clases cuando Yip Man mudó el Kwoon (dojo) a la calle Lee Tat, en Kowloon. El nuevo emplazamiento se situaba de lleno en los barrios bajos de Hong Kong por lo que Yip Man tuvo que negar el acceso a muchos aspirantes un tanto inquietantes y sospechosos; pero también acogió algunas perlas de la talla de William Cheung o de Bruce Lee. Estos eran dos auténticos gamberrillos barriobajeros que, sin embargo, demostraron mucha más pasión y entusiasmo que muchos veteranos. Bruce, que por aquella época era todo un gallito irreverente e indomable, demostraba sin embargo un tremendo respeto hacia Yip Man, como recuerda Jesse Glover, primer alumno de Bruce Lee: "Bruce siempre hablaba de Yip Man con mucho respeto y yo creo que estaba muy orgulloso de ser uno de sus estudiantes. Recuerdo que solía contar que  Yip Man, aunque no pesaba ni siquiera 50 kilos, tenía una potencia de pegada muy superior a cualquiera de sus estudiantes, superior incluso a la de William Cheung, que medía 1'75 y pesaba más de 80 kilos. Contaba además que Yip Man, con 65 años, aún conservaba tanta habilidad que en combate nadie podía tocarle."
Al poco de comenzar las clases, Bruce se enteró de un relato según el cual Yip Man había matado recientemente a otro maestro de gung fu de un sólo golpe, porque este se negó a salir de la escuela después de insultar al Wing Chun y al propio sifú. Bruce Lee creía en la autenticidad de la historia pues conocía la extraordinaria eficacia de su maestro. El Pequeño Dragón era una figura prometedora dentro de la escuela, pero la abandonó prematuramente para emigrar a los Estados Unidos. Durante los primeros años de su "aventura americana" Bruce siguió carteándose periódicamente con Yip Man, comentándole sus progresos y explicándole que estaba dando clases de Wing Chun a varios alumnos americanos. Le pidió de hecho que aceptara dentro de la familia del Wing Chun a su alumno más avanzado, el afroamericano Jesse Glover. Al parecer Yip Man se enfadó muchísimo pues por aquel entonces opinaba que el Wing Chun tan sólo debía de ser enseñado a gente de raza china, era como tener una ventaja sobre los occidentales. Pero en 1965, cambió radicalmente de parecer admitiendo públicamente que el Wing Chun debía ser enseñado sin distinciones de raza ni de nacionalidad.
En 1968, Yip Man, con 70 años, fue operado de un cáncer de estómago, tras lo cual, anunció su abandono de la enseñanza. Esta decisión supuso un duro golpe para la comunidad del Wing Chun pues Yip Man se retiraba sin haber enseñado todos los secretos de su arte. Por esta razón uno de sus alumnos llamado Kwok Keung fue a verle cuando aún se encontraba convaleciente de la operación, para convencerle de que enseñara "a puerta cerrada" a un alumno suyo muy prometedor llamado Leung Ting. Inesperadamente Man aceptó y, saltándose todas las reglas de la jerarquía (muchos Hermanos Mayores o sus propios hijos deberían de haber sido prioritarios en la sucesión), enseñó al jovencísimo Leung Ting el Wing Chun en su integridad, que tan sólo él conocía. Yip Man falleció el 1 de Diciembre de 1972, a la edad de 79 años. Leung Ting se convirtió en el máximo exponente del Wing Chun y en el sucesor del "Sifú Sonriente". En la actualidad, el Wing Chun es una de las artes marciales más practicadas en todo el mundo y Yip man se ha convertido, por derecho propio, en uno de los maestros mas emblemáticos de las Artes marciales, hasta el punto de que su vida ha sido llevada al cine.

Texto: Pedro Conde & Mamen Cañadas Rufo.
Fotos: © Budoarchives © Keith Kernspecht